Santander ofrece, probablemente, el circuito más elegante. Salir del Parque de Mesones y recorrer la Avenida de la Reina Victoria es correr por un balcón señorial hacia el mar. La brisa marina te acompaña durante los 5 km de trazado. La ciudad se llena de una luz especial en invierno, y tras cruzar la meta, es tradición ver a los más valientes dándose el último baño del año en la Playa del Sardinero. Es atletismo con clase y una pizca de épica norteña.